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Farnham’s Freehold

Los dominios de Farnham

Sábado 9 de Enero de 2010, por Álvaro García

Robert A. Heinlein, uno de los grandes de la ciencia-ficción, utiliza una explosión nuclear como excusa para transportar a un mundo diferente a los protagonistas de "Farnham’s Freehold". Una curiosa explicación que da pie a una clásica historia de aventuras.

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Hugh Farnham, su mujer, su hijo, su hija, su sirviente y una amiga de su hija se ocultan, tras recibir por radio la alerta de un inminente ataque soviético con misiles, en el refugio nuclear que Hugh ha construido bajo su casa. Tras sentir la detonación de varias bombas en la lejanía, una bomba atómica explota justo encima de ellos. Un tiempo después, asombrosamente ilesos, deciden salir del refugio y descubren, atónitos, que se encuentran en un lugar aparentemente extraño, sin ningún rastro de civilización o habitantes humanos.

Así comienza "Farnham’s Freehold", con un ataque nuclear que es una mera excusa para plantear una historia clásica de aventuras y ciencia-ficción, con los protagonistas perdidos en un mundo extraño que investigar.

Publicada a principios de los 60, la novela refleja en algunos momentos los conflictos raciales presentes en los Estados Unidos de la época a través de la relación de los Farnham, blancos, con su sirviente negro, Joe, y plantea una inversión de los roles al avanzar la historia, al entrar en contacto los "viajeros" con una civilización donde los hombres de piel oscura ocupan los puestos importantes y los blancos son meros sirvientes y esclavos. Este es quizá el punto más interesante de la novela y el más controvertido.

Para algunos, ciertas situaciones de la novela (no quiero destripar más la historia) contienen elementos racistas, mientras que otros opinan justamente lo contrario. Yo me inclino por lo segundo: por ejemplo, a pesar de que algunos de los miembros de la familia menosprecian a Joe por ser negro (simplemente un reflejo, como se ha mencionado, de la triste realidad de la época), al principio de la novela se explica que Joe está estudiando para ser contable y se ve cómo Hugh Farnham le trata con respeto e incluso llega a nombrarle su "segundo de abordo", todo un mensaje positivo, por pequeño que nos pueda parecer ahora, en aquellos años de lucha por los derechos civiles. Las connotaciones negativas que algunos aprecian en algunas costumbres de la civilización que aparece más tarde en la novela no parecen tener que ver con el hecho de que sus dirigentes sean de piel oscura, sino que son meros componentes que añaden interés a la historia, no un intento de plasmar creencias racistas por parte del autor. En todo caso, conociendo el resto de su bibliografía, es más probable que Heinlein, pionero en la inclusión de personajes de distintas razas, fuertes y con carácter en la ciencia-ficción, quisiera hacer notar, a través del planteamiento de la novela, con la mencionada inversión de roles, lo absurdo que es el creer que el color de la piel puede ser un síntoma de superioridad.

Dejando a un lado la posible controversia, "Farnham’s Freehold" resulta amena y tiene algún detalle interesante, pero no deja de ser una simple historia de aventuras no excesivamente memorable, a no ser por la extraña forma en que los protagonistas comienzan su viaje.

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© 2010 Álvaro García

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